Casos de éxito:

La Dra. Vanesa Vicens-Zygmunt, del Hospital Universitari de Bellvitge recomienda el ejercicio físico

Dra. Vanesa Vicens-Zygmunt del Hospital de Bellvitge explicando los beneficios del ejercicio físico adaptado para pacientes con enfermedades respiratorias

La Dra. Vanesa Vicens-Zygmunt, del Hospital Universitari de Bellvitge: “Es necesario que los pacientes hagan ejercicio físico adaptado cuando ingresan al hospital y pueden hacerlo”

  • Industria: Hospitales
  • Usuario: Personas con problemas respiratorios
  • Desafío: Mejorar la calidad de vida de pacientes que tuvieron COVID, gracias al ejercicio físico adaptado
  • Soluciones: Se realizaron grupos homogéneos y aleatorios, para que unos realizaran ejercicio físico adaptado con un experto y, otros, no
  • Resultados: Los pacientes que realizaron ejercicio mejoraron la distancia recorrida en más de 30 metros en el test del walking test y su calidad de vida

La Dra. Vanesa Vicens-Zygmunt es Neumóloga Intersticio Pulmonar en el Hospital Universitari de Bellvitge. Comenzó su residencia en 2005 y, cuando acabó en 2009, se propuso dedicarse más a la Fibrosis Pulmonar, bajo la tutela de la Dra. María Molina, que es jefe de la Unidad Funcional de Intersticio Pulmonar de Bellvitge. 

Fue en ese campo en el que pudo realizar su tesis doctoral, pasar un año en México con el Dr. Moisés Selman y la Dra. Ani Pardo y poder así formarse bien en Fibrosis Pulmonar. Antes del COVID, ella ya pudo constatar las secuelas fibrosantes en el pulmón; de ahí que haya podido ver pacientes post-COVID con secuelas a nivel pulmonar. 

En esta entrevista, le preguntamos sobre el estudio que ha realizado con la colaboración de la Fundación Siel Bleu, desde la Unidad Multidisciplinar Post-covid y la Unidad Funcional de Intersticio Pulmonar del Hospital Universitari Bellvitge para investigar si el ejercicio físico adaptado mejora la calidad de vida de pacientes con secuelas pulmonares por covid y que fue publicado en el 2023. 

Un estudio en el que han participado la propia Dra. Vicens-Zygmunt, junto con la Dra. Rosa Planas, jefe de Servicio de Medicina Física y Rehabilitación y de su equipo; Chus González, enfermera de la Unidad multidisciplinar Post-covid; el Dr. Jaume Bordas, la Dra. Bermudo y la Dra. Molina, neumólogos que han visitado a los pacientes participantes.

Desafío

¿Qué te motivó a iniciar este estudio sobre la actividad física para pacientes con COVID persistente? 

Durante la pandemia, cuando los pacientes ya empezaban a salir del hospital, veíamos que no podíamos ofrecerles mucho más. Y los pacientes recibían el alta y persistían con un ahogo, una debilidad muy fuerte. Con infección moderada-severa por SARS-CoV-2, presentaban disnea persistente que afectaba su calidad de vida. 

Fue entonces cuando el director nacional de la Fundación Siel Bleu España, Guillaume Lefebvre, vino al hospital a hablar con nosotros. Ya nos conocíamos de algún proyecto anterior y, en esta ocasión, nos propuso hacer este proyecto piloto con pacientes post-COVID. 

Y eso fue lo que impulsó el proyecto: evaluar la influencia del ejercicio físico supervisado (EFS) en la capacidad de ejercicio, la disnea, la función respiratoria y la calidad de vida.

¿Qué objetivos tenía este estudio?

Los objetivos secundarios eran determinar si la actividad física adaptada mejora la capacidad de ejercicio y la función respiratoria, así como la miopatía de los pacientes que han requerido ingresos prolongados en UCRI/UCI.

¿Cuáles fueron los principales desafíos a los que se enfrentaron durante el estudio?

El principal desafío al que nos enfrentamos fue con los pacientes más graves. Realmente, los pacientes que ya requerían de un trasplante -o al menos de la correspondiente valoración por parte de la unidad de trasplante-: eran pacientes con una capacidad vital muy, muy baja; habían estado bastante mal después de haber pasado el COVID. Y estos pacientes, en concreto, quizás necesitaban una supervisión mucho más especializada en su categoría de gravedad.

Por tanto, todos los grupos de personas no estaban igual de graves…

En el diseño del proyecto se tuvo en cuenta hacer una aleatorización a nivel estadístico, se asignaron a los pacientes en grupos, sin que nosotros participamos en la selección. Las personas se repartieron en tres grupos de manera aleatoria y todos eran homogéneos. 

Pero es cierto que el reto era que no se podía hacer a todos por igual al 100%, sino que algún paciente destacaba, bien porque estaba mejor, o bien por gravedad. En gran parte, fue un grupo homogéneo, pero había puntos discordantes según la gravedad de la enfermedad en cada caso.

Solución

¿Podrías describir el protocolo del estudio y las principales intervenciones realizadas? 

Para diseñar el proyecto, sí que tuvimos en cuenta a los pacientes que nosotros íbamos viendo en la consulta monográfica de post-COVID y que teníamos conjuntamente de manera bidisciplinar con el equipo de rehabilitación. Fuimos viendo qué pacientes serían más candidatos a poder hacer ejercicio físico, supervisado por el equipo de Siel Bleu; qué pacientes, por tanto, serían mejores candidatos y a todos se les fue proponiendo la participación.

¿Cuánto tiempo duró el proyecto? 

El proyecto duró seis meses (tres meses y tres meses) y se establecieron tres grupos: Grupo de Intervención (IGc; intervención en P1 – control en P2), Grupo Control (CGi; control en P1 – intervención en P2) y Grupo Control-Control (CcG; pacientes sin ejercicio físico en ambos períodos). 

Se realizaron pruebas de función pulmonar (PFT), test de marcha de 6 minutos y evaluaciones de calidad de vida antes y después de cada período. Así, conseguimos tres puntos de control a todos los pacientes que participaron.

El Ejercicio Físico Adaptado fue supervisado por entrenadores de la Fundación Siel Bleu, con una frecuencia de 1 hora/semana durante 12 semanas consecutivas: P1 (abril-junio/2022) y P2 (julio-septiembre/2022). Los dos primeros grupos también podían hacer ejercicio por su cuenta (caminatas, gimnasio, natación, ciclismo…). Y hubo un tercer grupo que no realizaba ejercicio físico y que nos servía para ver realmente qué pasaba en este caso. 

¿En qué consistía el ejercicio físico supervisado?

Este plan incluía ejercicios de movilidad articular, respiratorios y aeróbicos, así como de fuerza, flexibilidad y equilibrio.

¿Cuántos pacientes participaron en el estudio?

Participaron 68 pacientes de los 96 reclutados: 29 en IGc, 26 en CGi, 13 en CcG; 23 fueron excluidos (por mejoría espontánea) y hubo 5 pérdidas. La edad media fue de 63±10 años y más del 50% de los participantes en los tres grupos fueron mujeres.

Resultados

Sobre los resultados del estudio, ¿cuáles son los principales resultados que obtuvieron? 

El principal resultado que tuvimos con este proyecto fue realmente ver cómo los pacientes que estaban supervisados por un equipo profesional en ejercicio físico, mejoraron la distancia recorrida en más de 30 metros en el test del walking test (el test de la marcha). Ese fue uno de los objetivos del proyecto y fue uno de los resultados positivos. Los pacientes supervisados alcanzaban más metros que los pacientes que hacían ejercicio por su cuenta. Y, por supuesto, el grupo control quedó atrás. Ese fue el principal resultado. Luego hubo una mejoría verbalizada de calidad de vida en prácticamente todos los pacientes.

Las principales conclusiones a las que llegamos fueron, por tanto, que… 

  • El ejercicio físico supervisado mejoró la distancia recorrida en el 6MWT post-intervención en comparación con la medición previa: IGc +30 metros en P1 y CGi +34 metros en P2, mientras que el CcG disminuyó la distancia en ambos períodos (-19 y -9 metros, respectivamente). 
  • El ejercicio físico supervisado también mejoró la disnea según la escala mMRC mejoró tras el EFS en comparación con el grupo control. 
  • No se observaron diferencias estadísticamente significativas en la función pulmonar (PFT) después del EFS. 
  • Se observó una mejoría en el autocuidado y una reducción del dolor/malestar tras la intervención. 
  • La ansiedad disminuyó en CGi en P2, mientras que la depresión aumentó en IGc y CGi en P1, disminuyendo en P2. 

¿En qué notaron esa mejora de la calidad de vida?

Más del 80% estaban muy contentos con el proyecto y se veían contentos. Cuando contestaban lo que eran los test de depresión, ansiedad… Aquí, tuvimos algunas discrepancias que nos sorprendieron en el grupo de intervención.

Los tres grupos (los dos de intervención y el de control) eran todos iguales a nivel demográfico (sexo, edad…), pero sí que vimos diferencias. En el primer grupo que participó durante los tres meses, al finalizar los test de depresión, tenían más depresión que los otros dos grupos. Y en cuanto a gravedad estaban igual de graves. Se hicieron los grupos de manera homogénea y aleatoria.

¿Por qué pudo pasar que un grupo tenía más depresión habiendo hecho lo mismo que los demás y siendo grupos tan homogéneos?

No entendimos bien por qué pasó esto, pero pensamos que era el primer grupo que participaba y que quizás el hecho de venir al hospital le hacía recordar los malos momentos que se pasaban aquí cuando estuvieron ingresados. Porque luego, justo el otro grupo que participó, ya pasó el verano, y quieras o no, aquí en España, el buen tiempo, el hecho de salir, de ya poder vivir mejor… Yo creo que el segundo grupo ya había olvidado de alguna manera su mala situación en el hospital. 

¿Cómo pueden influir los resultados de este estudio en las recomendaciones futuras para el tratamiento de pacientes con COVID persistente o pacientes con enfermedades respiratorias? 

Este estudio aporta más evidencia en el sentido del ejercicio físico en pacientes que han estado hospitalizados. Porque sabemos que en los dos primeros días de un ingreso, el paciente pierde el 50% de su musculatura.

Con lo cual, en pacientes que han ingresado más de seis meses… Si con dos días necesitamos volver a activarnos, con seis meses, el esfuerzo y el trabajo tiene que ser desde antes. No cuando sales, sino ya dentro del hospital, hacer ese ejercicio. Desde el ingreso.

¿Qué otras conclusiones se desprenden del estudio? 

De este estudio se extraen recomendaciones futuras para el tratamiento de pacientes con COVID persistente o con enfermedades respiratorias. Este estudio nos ayudó mucho a evidenciar lo que ya sabemos, que es potenciar la musculatura, sobre todo, en los pacientes que ingresan, porque a los dos días del ingreso pierden el 50% de su musculatura.

Y este estudio sí que nos demostró que el ejercicio físico puede mejorar mucho la calidad de vida posterior que el paciente tiene justo después de estar ingresado. El ejercicio tiene que empezar en el momento en el que ingresan, esperar a que el paciente pueda empezar a hacer ejercicio, pero no demorarlo, porque incluso en los pacientes con COVID que estuvieron ingresados tres, cuatro, seis, nueve meses en un hospital, estos pacientes ya necesitaban hacer ejercicio físico desde el principio, para que la recuperación fuera más temprana y mejor. Y esto lo utilizaremos seguro en el futuro.

¿Qué puede aportar el abordaje multidisciplinario con profesionales o técnicos de la educación física en un contexto como el de la crisis vinculada con la pandemia? 

Yo creo que toda la multidisciplinariedad siempre es necesaria, porque somos todos complementarios. Por un lado, sanitarios, médicos, enfermeros, fisioterapeutas… Y, por el otro, los expertos en ejercicio físico, que complementan lo que nosotros hacemos. Y yo creo que es necesario, porque además son recursos que pueden facilitar muchísimo el correcto desarrollo de la persona cuando padece una enfermedad y necesita hacer ejercicio físico.

¿Recomendarías el ejercicio físico a los pacientes con problemas respiratorios? 

Nosotros lo podemos recomendar, pero si están supervisados por alguien que sabe, mucho mejor. Además, los pacientes se sienten reconfortados cuando hay una supervisión, cumplen más, se sienten más apoyados y lo vemos en los resultados. Cuando hay una supervisión, siempre los resultados son un poco mejores que cuando uno lo hace por sí mismo.

¿Quieres añadir algún tipo de comentario?

Sí, yo creo que proyectos así son muy positivos y necesarios para todos, porque los recursos realmente son los que son y, al menos, en el sistema sanitario español -que es un sistema público-, faltan recursos, faltan manos, y un complemento así ayuda muchísimo.

Solo hay que escuchar a los pacientes que han podido participar para saber lo agradecidos que pueden estar en un momento en el que el sistema público hizo todo lo que pudo, puso todo de su parte, pero no dábamos abasto con todos. La rehabilitación, en este caso, la fisioterapia no era suficiente como para cubrir a toda la población que había padecido esta enfermedad del COVID. Y esto para todos los pacientes fue de gran ayuda, y para nosotros también como profesionales. Así que estamos muy agradecidos.

  • Reducción de caídas: El número de caídas se redujo a la mitad, lo que equivale a prevenir una caída por persona al año.
  • Mejora de la salud percibida: Los residentes explicaron que habían notado mejoras significativas en su calidad de vida, según las escalas EuroQol y la Geriatric Depression Scale.
  • Bienestar emocional: La prevalencia del sentimiento de “la vida está vacía” disminuyó en un 11%; un cambio significativo en el ánimo de los participantes.
  • Costos eficientes: En Francia, se estimó que extender este programa podría generar un ahorro neto anual de entre 421 y 771 millones de euros, considerando sólo la reducción de caídas y sus complicaciones.
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