Ictus; prevención, lesiones y recuperación

“Dejando de fumar, manteniendo unos niveles de azúcar y colesterol en sangre adecuados y manteniéndolos en unos niveles de tensión arterial óptimos podemos disminuir el riesgo de sufrir un ictus.”

El día 29 de octubre se celebra el Día Mundial del Ictus. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), cada año 110.000-120.000 personas sufren un ictus en España, de los cuales un 50% quedan con secuelas que les causan discapacidad o fallecen.

Hoy en nuestro espacio en el blog hemos querido hablar con la neuróloga Sara Forcén para que nos cuente con más detalle las lesiones producidas por el ictus y la recuperación tras sufrirlo. 

Sara Forcén, Neuróloga

Sara Forcén, Neuróloga

«Los síntomas del ictus pueden ser muy variados y dependen de la zona del cerebro afectada»

  1. ¿Qué es el ictus?

El ictus consiste en una interrupción brusca del flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro. Debido a la falta de riego sanguíneo en esa zona del cerebro, los tejidos no reciben el oxígeno que necesitan y pueden sufrir daños transitorios o permanentes. Es la principal causa de dependencia adquirida en adultos y es una de las principales causas de muerte en nuestro medio.

  1. ¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas del ictus pueden ser muy variados y dependen de la zona del cerebro afectada. Es muy frecuente que se afecte la movilidad de una parte del cuerpo: puede haber debilidad de los músculos de la cara (especialmente de la zona inferior, por lo que veríamos la boca torcida), del brazo y de la pierna del mismo lado y en los casos más severos la persona puede quedar completamente paralizada de la mitad del cuerpo o incluso de las 4 extremidades (en ictus que afectan el tronco cerebral). También podemos observar alteraciones en el habla: desde problemas para pronunciar algunas palabras hasta una incapacidad completa para emitir lenguaje o para comprender lo que se les dice.

Otros síntomas que nos deben hacer sospechar que el paciente está sufriendo un ictus son trastornos en la visión, en los que desaparece una mitad o una parte del campo visual, problemas en la coordinación de un lado del cuerpo o incapacidad para mantener el equilibrio y adormecimiento de una mitad del cuerpo.

Estos síntomas aparecen de forma brusca, de un momento para otro, y en ocasiones el paciente puede haber presentado síntomas previos que desaparecieron en pocos minutos (es lo que conocemos como ataque isquémico transitorio).

  1. ¿Qué tipos de ictus hay?

La interrupción de flujo sanguíneo al cerebro puede suceder principalmente por dos motivos: porque haya una oclusión o tapón en la arteria que lleva la sangre a esta parte del cerebro o porque haya una ruptura en esa arteria. En el primer caso hablamos de ictus isquémico y es la causa más frecuente de ictus (un 85%). Esta oclusión puede suceder por varios motivos como por ejemplo en el caso de que existan placas de ateroma en la pared de las arterias, que están compuestas en gran parte por colesterol y que pueden tapar la arteria si crecen mucho, o romperse y soltar émbolos que vayan a otras arterias. En ocasiones se produce porque se forman coágulos en la sangre; o también por otros daños en la pared de las arterias que acaban provocando que estas se tapen.

En el segundo caso, se produce una ruptura de la arteria y hablamos de ictus hemorrágico. La principal causa de que se produzca esta ruptura en personas mayores es la hipertensión arterial, aunque algunas enfermedades degenerativas también pueden dañar las arterias. En personas jóvenes esta ruptura puede deberse a malformaciones de las arterias que las hacen más frágiles.

  1. ¿Cómo puedo prevenir un ictus?

Hay diversos factores que aumentan el riesgo de sufrir un ictus. Algunos de ellos no se pueden cambiar como es la edad (cuanto mayores seamos más riesgo tendremos) o factores genéticos que dependen de la persona.

Otros factores, sin embargo, sí se pueden controlar. Estos factores son la hipertensión arterial, los niveles altos de azúcar y de colesterol en sangre, el sedentarismo y el tabaquismo. Controlando estos problemas (dejando de fumar, manteniendo unos niveles de azúcar y colesterol en sangre adecuados y manteniéndolos en unos niveles de tensión arterial óptimos) podemos disminuir el riesgo de sufrir un ictus.

  1. ¿Tiene curación?

Los síntomas del ictus empiezan en el momento en el que se altera el riego sanguíneo a una zona del cerebro. En los ictus isquémicos, en los que se hay una oclusión en la arteria, es muy importante intentar reestablecer la circulación de la sangre antes de que los tejidos de la zona afectada se dañen de forma irreversible. Podemos intentar ‘destapar’ la arteria de dos formas: con medicamentos que disuelvan el tapón haciendo la sangre más líquida o entrando en la arteria con un catéter y extrayendo el tapón. Estos dos tratamiento solo se pueden ofrecer en las primeras horas, antes de que el tejido cerebral esté demasiado dañado. De otra forma, aunque se destape la arteria y la sangre vuelva a fluir, ya no podremos recuperar esa zona del cerebro y además aumentaremos el riesgo de presentar efectos adversos.

Es por esto que el tiempo es crucial cuando se trata de un ictus, y es muy importante reconocer los síntomas para poder acudir cuanto antes al hospital.

En el caso de los ictus hemorrágicos (aquellos que se producían por una ruptura en la arteria) por desgracia no tenemos un tratamiento específico. Lo más importante es controlar los niveles de tensión arterial (para evitar que el sangrado aumente) y evitar que aparezcan complicaciones. En algunos casos muy específicos se puede intentar realizar una cirugía para extraer el sangrado. 

  1. ¿Qué consecuencias tiene? ¿Qué secuelas puede tener?

El ictus es una enfermedad muy grave cuyas consecuencias pueden ser devastadoras en algunos casos. Dependiendo de qué zona del cerebro se haya afectado, del tamaño de la lesión y de si se ha podido reestablecer el flujo sanguíneo antes de que se produzcan lesiones irreparables, tendremos más o menos secuelas.

Algunos pacientes no tienen ninguna secuela después de tener un ictus, o estas secuelas son mínimas (como por ejemplo algo más de torpeza en una mano que en otra). Otros pacientes, sin embargo, pueden presentar secuelas muy graves como incapacidad para poder volver a hablar con normalidad o para mover la mitad del cuerpo.

  1. ¿Cómo es la rutina de vida después de un ictus?

La vida después de haber sufrido un ictus va en relación con las secuelas que haya causado. Hay personas que mantienen el mismo nivel de actividad que antes de presentar el ictus y que pueden volver a trabajar o a realizar sus quehaceres diarios. Sin embargo, por desgracia, otras muchas personas ven limitadas sus actividades en mayor o menor medida hasta el punto, en los casos más graves, de necesitar la ayuda de terceras personas para realizar actividades básicas como vestirse, asearse o levantarse de la cama.

  1. ¿Cómo puedo mejorar mi estado físico después de un ictus?

Después de sufrir un ictus es muy importante el papel de los médicos rehabilitadores, los fisioterapeutas, los logopedas y los terapeutas ocupacionales. Después de sufrir un daño en una zona del cerebro, el resto del cerebro debe intentar asumir en la medida de lo posible las funciones de la zona lesionada, lo cual no siempre se consigue al 100%. La recuperación después de un ictus es un proceso lento, largo y variable en cada paciente. No hablamos de secuelas hasta que no han pasado un mínimo de 6 meses tras el ictus y aun entonces todavía hay pacientes que siguen mejorando.

Ya desde el momento del ingreso muchos pacientes empiezan la rehabilitación ya que se ha visto que iniciarla de forma precoz mejora el pronóstico.

  1. ¿El ejercicio físico puede beneficiarme?

El ejercicio físico es beneficioso tanto como prevención primaria (para evitar sufrir un ictus) como en la recuperación después de sufrirlo. Practicar ejercicio físico de forma regular (al menos 30 minutos al día durante 5 días a la semana) ayuda a controlar los factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol.

De hecho, es una de las formas más efectivas de aumentar los niveles de HDL (o ‘colesterol bueno’) en sangre. Como hemos visto antes, el control de estos factores de riesgo disminuye la posibilidad de sufrir un ictus.

Una vez hemos sufrido un ictus, el ejercicio es un pilar fundamental tanto en la rehabilitación como para disminuir el riesgo de recurrencia (es decir, de presentar otro ictus). Eso sí, es muy importante seguir las pautas de los médicos rehabilitadores, fisioterapeutas y del resto de especialistas, ya que un ejercicio que le vaya bien a una persona que ha sufrido un ictus, puede no irle bien a otra ya que puede tener problemas y necesidades diferentes.

Aquí os dejamos una sesión de ejercicios para personas que han sufrido un Ictus 

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