Katherine mencionó en esta caminata no solo la trascendencia que la actividad física había tenido en su vida a partir de esta vivencia, sino la importancia de la detección a tiempo. Su cáncer había podido ser extirpado gracias a la mamografía, que había detectado su cáncer antes de que este hiciera la metástasis a otras partes del cuerpo.
En el mes de la Revolución Rosa:

Para todas aquellas supervivientes, para las guerreras que siguen en batalla y para las que ya no están con nosotros.

La importancia de la mamografía y la detección temprana de un cáncer de mama y la actividad física como herramienta de prevención de la recidiva

Por Denise González
En un viaje por Escocia conocí en un café a Katherine, una mujer de mediana edad que llamó mi atención por su personalidad tan llena de vida. Como yo iba de paso y desconocía la ciudad en la que estaba, se ofreció a llevarme a la parada de bus que se encontraba a unos 15 minutos andando de donde estábamos, yo le dije que no hacía falta, pero ella insistió. En el camino me contó que para ella era muy importante realizar esas pequeñas caminatas a lo largo del día. Me confesó que acababa de vencer un cáncer de mama que le había sido diagnosticado y que las caminatas habían sido su vía de escape mientras estuvo en quimioterapia. Me decía que el tratamiento la dejaba completamente agotada, pero aun así, esos paseos diarios nunca habían faltado y era algo que necesitaba seguir haciendo. Esta actividad la hacía sentir físicamente fuerte y psicológicamente empoderada al saberse una superviviente.

Existen estudios que indican que la actividad física tiene efectos beneficiosos en personas que padecen o son supervivientes de cáncer, sobre todo en los diagnosticados con cáncer de seno, próstata y colorrectal. El tratamiento de cáncer y la disminución de actividad física pueden contribuir al aumento de peso, lo que puede conllevar a una supervivencia peor, aumentando la posibilidad de recidiva. Un estudio encontró que la actividad física está relacionada con un 40 a 50% menos posibilidad de recidiva o de muerte por cáncer de seno entre mujeres que realizan ejercicio moderado, lo equivalente a caminar entre 3 a 5 horas por semana a un paso promedio.

Katherine mencionó en esta caminata no solo la trascendencia que la actividad física había tenido en su vida a partir de esta vivencia, sino la importancia de la detección a tiempo. Su cáncer había podido ser extirpado gracias a la mamografía, que había detectado su cáncer antes de que este hiciera la metástasis a otras partes del cuerpo.

A finales del siglo XIX, se llegó a la conclusión que el cáncer en el seno no mataba, sino que se volvía mortal cuando se comenzaba a extender a otros órganos. En aquella época se supo que para curarlo se tenía que extirpar antes de que se produjera la metástasis. El problema que encontraron es que el tamaño del tumor no podía predecir si se había o no producido la diseminación, pero los médicos de esta época respaldaron la teoría desesperados por hacer algo en un tema en el que se sentían indefensos. En 1913 un grupo de estos doctores fundan lo que más tarde se conocería como la American Cancer Society. Este grupo vestido de uniformes color caqui, alertaba a las personas de buscar atención médica inmediata si se tenían síntomas sospechosos.

Esta campaña ayudó a detectar otros tipos de cáncer a tiempo, se realizaron operaciones y más pacientes sobrevivían a los tratamientos. Sin embargo, las cifras de defunciones de mujeres muriendo por cáncer de mama apenas y se movían, por lo que los doctores tenían la teoría de que los tumores en el seno tenían que detectarse en una fase aún más temprana.

Las mamografías comenzaron a permitir la detección a tiempo. Y en 1963 se iniciaron los primeros ensayos clínicos, que mostraban que la evaluación clínica de mujeres sin síntomas reducía la tasa de mortalidad de cáncer de mama en un 25%. La disminución fue en su mayoría entre mujeres en sus 50 años, y parecía algo lógico que si la detección se hacía en una edad aún más temprana el cáncer podría incluso ser curado. Sin embargo en la década de los 80´s menos de un 20% de las mujeres elegibles para realizarse una mamografía lo hicieron.

En 1982 Nancy Brinker, la creadora del mundialmente conocido listón rosa por medio de su fundación creada en memoria de su hermana Susan G. Kommen quien pereció de un cáncer de mama, empezó una campaña de diseminación entre las mujeres para aumentar las cifras de mamografías y de detecciones a tiempo.

En España, en los años 90’s se iniciaron por primera vez estos programas, invitando por medio de cartas a las mujeres mayores de 50 años a realizarse una mamografía. En el 2006, este programa quedó implementado en todas las Comunidades Autónomas. Aun así en el año 2014 la principal causa de muerte en mujeres entre 20 y 60 años fue el cáncer de mama. Sin embargo, la incidencia ha ido disminuyendo debido a la implementación de programas de detección precoz, evitando así un cáncer invasivo.

Según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), entre el 2012 y 2018 ha habido un incremento de casos en un 30%, sin embargo a hoy día, el cáncer de mama tiene una tasa de supervivencia superior a 5 años. Lo que significa que más de 90 de cada 100 personas que lo padecen continúan vivas 5 años después de haber sido diagnosticadas.

El cáncer de mama es un destino temible para todas las mujeres, pero todo está bajo nuestra responsabilidad a través de la vigilancia y detección temprana, así como manteniendo una vida activa y dieta saludable.

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