Según datos de la OMS comunicados en agosto del 2017, anualmente mueren 646 000 personas por caídas, siendo la segunda causa mundial de muerte por lesiones accidentales o no intencionales, y siendo las personas mayores de 65 años los más afectados.

Envejeciendo de la manera correcta

Por Ferran López
La perspectiva de envejecer puede evocar una multitud de pensamientos negativos en los seres humanos; puede ser una mente que ha sido atacada por la demencia, un cuerpo debilitado por una enfermedad, un miedo al aislamiento social, entre otros. Pero para la mayoría, el miedo de sufrir una caída no forma parte de la lista de miedos al envejecer. Pero las caídas son, de hecho, uno de los riesgos más comunes y consecuentes que enfrentan los adultos mayores.

Según datos de la OMS comunicados en agosto del 2017, anualmente mueren 646 000 personas por caídas, siendo la segunda causa mundial de muerte por lesiones accidentales o no intencionales, y siendo las personas mayores de 65 años los más afectados.

Los factores que aumentan el riesgo de caída son múltiples y de orígenes muy distintos. Se pueden clasificar en modificables (medicación, sedentarismo, ayudas técnicas, barreras arquitectónicas, etc.), o no modificables (ej: edad, sexo, raza, nivel educativo, patologías crónicas, etc.). Hacer una clasificación es fundamental para diseñar estrategias que reduzcan el riesgo de caídas.

Es inevitable que ocurran procesos fisiológicos de envejecimiento que mermen las capacidades físicas, pero no hay que olvidar que nuestro cuerpo puede mejorar sus capacidades físicas incluso en edades avanzadas.

Entre los factores no modificables destaca la edad, ya que la mayor parte de las caídas se producen en los primeros años de vida, reduciéndose drásticamente en la fase de la adolescencia y adultez para volver a aumentar llegada la vejez. Llegados a esa etapa de la vida, cuanto más envejece una persona, más aumenta el riesgo de caída.

Y es que la edad está muy relacionada con el principal factor de riesgo modificable (que por lo tanto tiene margen de mejora), la capacidad funcional. Es inevitable que ocurran procesos fisiológicos de envejecimiento que mermen las capacidades físicas, tales como la pérdida de masa muscular, la disminución de la densidad ósea, o la eficiencia cardiopulmonar. Pero no hay que olvidar que nuestro cuerpo puede mejorar sus capacidades físicas incluso en edades avanzadas.

La Actividad Física regular es la principal estrategia para la prevención de caídas, y para envejecer de la manera más saludable y correcta. El ejercicio, como se ha dado a conocer en los últimos años, reporta grandes beneficios como: la mejora del equilibrio y aumento de la velocidad de la marcha, que son clave para evitar caídas. Es necesario que las personas mayores realicen ejercicios centrados en la fuerza y el equilibrio varias veces por semana, con la finalidad de mantener una capacidad funcional óptima para su edad.

La actividad física regular, ayuda también a prevenir la desnutrición, regular el sueño, nivelar el sistema endocrino (niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos en sangre), y en las personas que ya no pueden deambular, previenen la aparición de úlceras por presión. Mantenerse activo retrasa e incluso evita la discapacidad y la dependencia.

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